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Colección Gómez Porsche

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Por Jorge Gómez

Siempre me moví con dos ideas claras en mi cabeza, la primera es soñar antes de hacer nada, realmente yo creo que hay que saber soñar despierto lo que uno anhela. La otra es trabajar para que eso quede plasmado tal como lo veíamos. Este segundo pasó para mí, se llama tener una buena idea. Obviamente que una buena idea no es solo pensar en algo, sino también saber cómo implementarlo, y generalmente para esto es más importante saber cómo hacerlo que tener una gran cuenta bancaria.

Yo nací en una familia muy humilde, recuerdo que la primera casa de mis padres era una prefabricada con techo de cartón. Todo lo que he conseguido ha sido a base de sueños. Trabajo y más sueños. Cuando comenzaba con mi proyecto laboral, recuerdo que había puesto todas las fichas en los automáticos para los tanques de agua, había vendido mi casa, nos habíamos ido a vivir con mi suegra y la cosa parecía que no marchaba. Entonces me voy a Montegrande y empiezo a venderlos puerta a puerta. El tema no era fácil […].

 Exactamente eso fue lo que me paso con esta colección ni Porsche ni el arte habían sido algo importante para mi hasta no hace mucho, pero un día las descubrí.

Por un lado, siempre me apasionaron los autos, de chico mis padres jamás habían podido comprarse uno, por eso ese fue mi primer objetivo. Cuando compre mi primer era muy joven, estaba feliz, casi ni podía ver los defectos que tenía: doblaba para un solo lado; andaba. Desde ese auto no pare nunca y siempre me dieron satisfacciones. Pasaron muchos años hasta que descubrí a Porsche que para mí, es el auto más confiable para el manejo extremo en un autódromo y tiene un diseño que me encanta.

Mi primer Porsche fue un GT3 y me gustó tanto que quise más potencia y ahí me compre el GT2. El auto era una obra de arte. Yo hace poquito tiempo que me había hecho amigo de un gran pintor Uruguayo Carlos Páez Vilaró, a él le compre mi primer original y el me lo introdujo en el arte. Sinceramente unir estos dos mundos para mí fue lo más natural, simplemente quería mostrar y combinar dos modos de arte diferentes pero que se potencian a la perfección y si, otra vez lo soñé, soñé con esta colección, soñé con mostrarla y poder compartir con el mundo estas dos pasiones que ahora llevo tan adentro mío. Y sigo soñando y esos sueños se van cumpliendo.

En el año 2011 la muestra ya viajaba para exponerse en el Museo de Posche de Alemania y en el 2012 estará en la Fundación Pablo Atchugarry en Punta del Este, Uruguay.

Y ¿Quién Sabe? Pero mi próximo sueño es lograr que la colección se vuelva una muestra itinerante que recorra los 5 continentes. Yo siempre me anime a soñar y lo sigo haciendo, es algo que voy a hacer hasta el último día de mi vida, y si puedo dejar un legado: es ese, nunca hay que dejar de soñar.