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DEVENIR SIGNO Cecilia Teruel – obras 2009-2017

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De las primeras experiencias de cómo vivir juntos.

Los incipientes entrelazados fueron de fibras vegetales. Cobertores, instrumentos contenedores,  recipientes para recolección de alimentos en función de actividades colectivas y ensayos de agrupamiento.

El tejido las redes, probablemente sean unas de las producciones materiales iniciales y constitutivas de todas las culturas. Cecilia Teruel evoca, construye y de construye insistentemente una trama formal y conceptual de evocaciones y genealogías literarias, filosóficas y mitológicas en la que articula diversos imaginarios comunitarios. Operaciones en las que sobrevuelan referencias a prácticas y formas de arte popular que se mueven por fuera del modelo hegemónico del arte. Practicas donde lo que se hace constantemente es trazar estrategias para que una composición formal. Una belleza particularizada, este al servicio del punto ornamento, de fines mágicos propiciatorios, de cuestiones que tienen que ver con el uso comunitario que se hace de algo, de reforzar o provocar otro tipo de significaciones.

Practicas vinculadas y vinculantes con las mujeres, con los tiempos y con la memoria. No con el universal mujer, sino con las mujeres de su contexto cercano, las teleras, que con su práctica casi anónima cargan y tramitan las historias comunes a cuestas.

Con una apreciación otra del tiempo, ligada a un tránsito en concordancia con los ciclos naturales.

Con una memoria localizada y concebida como la construcción permanente y viva. La memoria ejercida como una producción de des-ocultamiento. Con un relato una transmisión diaria, oral y visual de saberes ancestrales fundantes, vitales y activos. También en esa operación poética subyace, una problematización conceptual del tejido con trama social, como red afectiva, que nos propone pensar a  partir de esta los ritmos particulares y colectivos, los entrecruzamientos y las tensiones; las tramas de contención, de domesticación, sus bordes y las posibilidades de marginalidad y exilio.  Propone un acercamiento al tejido como espacio de la intersubjetividad, de los lazos y los vínculos filiales y sociales en el que se desarrollan los encuentros y disensos que hilan los modos de estar con los otros. Los modos de enlazamiento, de entretejido, de los movimientos que van constituyendo la constelación que habitamos y hablamos entre lo individual y lo social, sus diversas proximidades y distanciamientos con singulares ritmos, formas y cadencias.

A Cecilia le interesa entender el tejido como un juego de abalorios, como un laboratorio en el que a partir de relacionar diversos discursos y saberes intenta construir significaciones y sentidos móviles. Trae y sustrae. Produce memorias fuera del cuerpo. Extrae bloques y sugiere reterritorializaciones.

Construye potenciales memorias friccionadas contra el olvido. Opera con y desde los fragmentos. Disecciona, aísla y presenta elementos constitutivos de esa trama, de ese tejido simbólico en diversas experimentaciones. Objetos que condensan una latencia de la movilidad y maleabilidad física y conceptual que los constituye.

En la muestra conviven obras de diversos periodos, momentos y recorridos.

Un proceso que transita una instancia de la operación simbólica en relación con lo simbólico y un paso a la operación simbólica de bordear lo real, el nudo, el vacío que se resiste a toda simbolización.

En unas obras problematiza poéticamente los elementos en su potencialidad evocativa. Explora y hace uso de la composición estética, de lo bello, como artilugio e instrumento simbólico imaginario de la forma para tomar una cierta distancia de lo inquietante para generar ese velo necesario que en primera instancia lo recubra , a la vez que abra posibles resonancias semánticas. Representa los objetos- fragmentos para extraer un sentido otro, otra proposición organizativa de la ausencia y del vacío estructural. Lo hace en forma individual o agrupada, de manera instalativa, con una inscripción en el muro. La ilusión del muro perforado por el lenguaje. Soporte atravesado por el bordado de la inscripción.

¿Cómo operan simbólicamente los elementos, esas inscripciones y ese muro? ¿Cuál es ese muro? ¿Ese plano? ¿EL social? ¿El comunitario? ¿El político, el afectivo? ¿Qué es atadura y que relación transversal? ¿Sujetados por la trama impuesta o sujetados a la trama elegida, que nos contiene y nos da provisorio sentido? Incógnitas esbozadas simbólicamente que abren una amplificación significante que valoriza la reverberación múltiple de sentido. Un intento de organización posible en el vacío, del vacío, sin evitar no ni obturarlo.

En otras piezas, sustrae los fragmentos y elementos de su connotación. Explora su distanciamiento. Continua presentando el objeto cotidiano reconocible, aun en su enunciación fragmento no apare anamorfico. No llega a operar una ruptura ominosa de lo familiar. No produce un desplazamiento del marco representativo de la obra. Interpela al sujeto desde dentro de la estructura de simbolización, dentro de la posibilidad de reconocer y reconocerse.  Mantiene la forma como barrera simbólica, aun cuando lo sustrae y fragmenta, para suspender o para distanciar al objeto de referencia o de una trama que lo incluye.

En la acción de aislarlos estos devienen signos, enigmas.

Nudos, hilos, madejas, fragmentos, tienden a convertirse en trazos singulares de su propia estructura poética. En esa operación de extracción de la trama, del tejido, el elemento/objeto/ fragmento comienzan a emerger en una traza singular.

Una emergencia de la singularidad, de la traza particular, irreductible a alguna universalidad. Cada elemento se propone como un trazo/signo un suelto en la cadena de significante, no articulado, un singular excéntrico a la universalidad. La letra, la inscripción significa como destino y enigma, en una acción de reducción o suspensión temporal. Progresiva de los imaginarios o bien de su simbolización, para llegar después a individuar en el mismo campo simbólico el elemento irreductible a lo simbólico, la marca fundamental a semántica.

El tejido, el nudo es de algún modo una marca universal de la tradición, también de la americana y especialmente de la tradición de Santiago del estero. No obstante este universal en la obra de Cecilia Teruel deviene una marca singular alejándose del arquetipo. Se manifiesta como una inscripción particular, impronta, signo caligráfico que inevitablemente agujerea y desarticula lo universal.

El paso de la obra como representación de sentido a la obra como objeto que se produce a partir de un vaciamiento de sentido dado. De símbolo a enigma.

Andrés Labake

Artista Visual

Buenos Aires, agosto de 2017