SALA CAPITULAR

Evoca el lugar donde el 29 de junio de 1810, se decidiera el apoyo de Santiago del Estero al proceso revolucionario iniciado en mayo, en Buenos Aires; una vez conocida la postura de Salta, ciudad de quien dependía.

Las Salas Capitulares constituyen el lugar donde en el siglo XVIII, se reunían los gobernantes con sus cabildantes y alcaldes para debatir cuestiones políticas, económicas y judiciales de la cuidad.

El Cabildo santiagueño (institución clave en el contexto revolucionario de mayo) estaba ubicado en la esquina de Libertad y Tucumán y era conocido como “la Casa del Cabildo”“Casa Real”“Casa Consistorial o Capitular” y, también, “Casa del Ayuntamiento”. Esta institución fue la sede de las autoridades durante la dominación de la Corona Española y continuó siéndolo después de 1810 hasta que Juan Felipe Ibarra trasladó dicha sede a la esquina de Avellaneda y 25 de Mayo por el peligro que significada el edificio en ruinas.

El Cabildo se levantó en terrenos que pertenecieron a Doña Margarita Xeres y Calderón, viuda del Capitán Don Luís Antonio Medina y Garnica y que fueron comprados hacia 1702 cuando se mudó la ciudad y se trasladó la plaza central hacia aquel lugar. Bajo la denominación de Cabildo se concebía también al conjunto de locales destinados a la Justicia, a cárcel con calabozos e incluso viviendas que se alquilaban a personajes de tránsito por la ciudad o al mismo Gobernador. El edificio, en orientación  hacia la plaza, tenía dos plantas con aposentos que servían de viviendas a funcionarios y particulares. Este cuerpo de aposentos  era de una sola planta, techado de tejas sobre un cañizo cubierto de barro; en tanto, el edificio principal tenía dos corredores, uno alto y otro bajo que eran sostenidos por pilares de madera de quebracho o de algarrobo. En la planta baja, frente a la plaza, se abría el zaguán a cuya derecha se encontraba la Sala Capitular y la escalera de acceso a los altos. A la izquierda del zaguán se hallaba la cárcel de mujeres, el calabozo y la cárcel de españoles. Los pisos eran de ladrillo, las puertas y ventanas de madera de algarrobo que tenían una reja de hierro exterior.

 A este Cabildo le tocó afrontar graves dificultades y resolver situaciones de coyuntura como lo fue el pronunciamiento a favor de la Revolución. Los pliegos que daban cuenta de lo sucedido en Buenos Aires fueron recibidos el 10 de junio por el Alcalde Domingo de Palacio pero al ser una ciudad subordinada, se tuvo que esperar el pronunciamiento del Cabildo salteño, tras lo cual el de Santiago adhirió a la causa de Mayo en la sesión del 29 de junio, procediéndose a continuación a organizar la participación local que estuvo a cargo de Juan Francisco Borges quien se dio a la tarea de constituir el contingente de Patricios Santiagueños que luego se incorporaron al ejército nacional rumbo al escenario bélico del Alto Perú.

Mientras, la ciudad se insinuaba como una cuadrícula regular con calles principales con casas con frente y veredas que remataban en palos con argollas a manera de palenques, insinuando esquinas, un frente se quebraba en dos, ochavado, modo argentino de rematar una esquina; las viviendas de dos plantas buscaban jerarquizar la morada de los principales ciudadanos. En este tiempo existían tres tipos de viviendas: el clásico rancho de paja con horcones  de laurel o algarrobo y varejones de sauce; otras con cimientos de canto rodado y paredes de adobe, techo de paja y barro y pisos de tierra y edificios con paredes de ladrillo, techos en tirantes de madera  cubiertos de tejas, pisos interiores (algunos) de baldosas cerámicas y exteriores (algunos) de cantos rodados.

En tanto, la vida cotidiana seguía el  Protocolo Hispánico que incluía las Fiestas Patronales de Semana Santa y Corpus Christi, la Fiesta del Real Estandarte, Recepciones oficiales y Juramentos Regios que reunía a Cabildantes y vecinos en torno a la plaza principal. Respecto a la Fiesta del Estandarte Real, cada cabildo guardaba en custodia el Estandarte hispano y era usual que los santiagueños lo pasearan triunfalmente cada  25 de Julio en que se celebraba el Día del Apóstol Santiago. La población rendía homenaje al Estandarte con el repique de campanas, fuegos artificiales y un desfile encabezado por el Alférez Real acompañado de la Banda de Música y que recorría los alrededores de la plaza hasta la Catedral. Otras festividades eran la Ceremonia de Asunción al trono, el Onomástico del Rey y el Te Deum (expresión latina que significa ‘A ti, Dios’) que era una ceremonia de Acción de Gracias y que actualmente precede a los actos oficiales. También se practicaban juegos como la rayuela, el vuelo de barriletes, carreras de caballos, tabas y riñas de gallo. Éstas últimas, se realizaban en el reñidero, un círculo cuyo centro estaba alfombrado o con ripio y eran tan importantes que la familia podía pasar hambre por alimentar al animal para que pudiera ganar las luchas y recibir el dinero de las apuestas

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